¿Es la envidia y el resentimiento con Venezuela lo que Genera la Ingratitud de Vargas Lleras?

Se dice que “Algunas de las causas que generan la ingratitud son la envidia y el resentimiento, mientras que Cervantes en boca de Don Quijote afirma que: “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”, grave falta de alguien “mal nacido”, como lo sería a su entender el vicepresidente colombiano Germán Vargas Lleras.
Pero, ¿Quién es este individuo para que esa cita del autor de El Quijote, monumental obra de la literatura universal lo excluya de la clase de “gente bien nacida” que agradece los beneficios recibidos” y en razón de su enanismo moral, que lo llevó a cometer un acto tan infame como la ingratitud, lo considere un “mal nacido?
Germán Vargas Llosa es un tránsfuga, cuya ambición de poder sin límites, lo llevado a saltar de talanquera en talanquera de partido en partido, sin importar su ideología, o el medio, sino el fin, con tal de escalar posiciones que han de llevarlo finalmente a su soñada meta, que es la Presidencia de la República.
Tenga mucho cuidado Presidente Santos, que el enemigo está adentro, lo tiene a su lado.
Facilita sus propósitos el hecho de ser miembro de una de las más oligárquicas familias políticas del país, por ser nieto materno del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, cómplice, en 1970, según lo consideran los analistas políticos y la mayoría del pueblo colombiano, del “fraude electoral” que le arrebató el triunfo a Rojas Pinilla, y se lo dio a Misael Pastrana.
Misael Pastrana fue el último de los mandatarios electos en el marco del Frente Nacional suscrito por los partidos liberal y conservador el 24 de julio de 1956, acuerdo hermano del Pacto de Punto Fijo firmado en Venezuela por Acción Democrática, Copei y URD bajo el padrinazgo de EEUU para impedir la llegada al poder de gobiernos progresistas y revolucionarios en los doíses
No obstante, 24 más tarde, su hijo, Andrés Pastrana Arango, asumiría la presidencia, iniciando una sombría época con el Plan Colombia, que dejó una estela de violencia, destrucción y muerte, solo superada por Álvaro Uribe Vélez, que lo prolongó y endureció su furia, con la creación de las AUC con sus paramilitares consolidando la cesión de la soberanía y dignidad del pueblo que con Pastrana se había perdido.
Porque como dijo el comandante Iván Marquez, segundo en mando de las Farc-EP: “Colombia es un país con ex presidentes venenosos como alacranes, como Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, que aunque no pudieron ganar la guerra, tampoco permiten hacer la paz.”
Y es que ambos ex mandatarios, como su amo el imperio yanqui, odian la paz y aman la guerra porque viven de ella, de allí que se oponen al proceso pacificador iniciado hace 5 años con los diálogos de La Habana que han culminado en un acuerdo que ha puesto fin a un sangriento conflicto bélico de más de medio siglo que hizo correr ríos de sangre que ahogaron al pueblo col100ombiano.
Hijo de esa misma estirpe a la que pertenecen Uripe y Pastrana, es Germán Vargas Lleras, quien agazapado ocultaba su rostro de malvado, hasta hace una semana, cuando se despojó de parte de la máscara para ofender con su ingratitud a los venezolanos, hijos e hijas de un pueblo que siempre ha demostrado amor hacia sus hermanos, los hijos e hijas de la Nueva Granada.
Desde su cargo, el de mayor autoridad después del Presidente Santos, Vargas Lleras, violando elementales normas y principios del Derecho internacional e históricos lazos de fraternidad entre dos pueblos, en un despreciable acto de ingratitud, propio de “un mal nacido” al entender del autor de Don Quijote, llamó “venecos” a los hijos e hijas del pueblo venezolano.
Y es que llamar “veneco” a los venezolanos, constituye la más grave ofensa que un colombiano pueda cometer contra un pueblo, que a lo largo de la historia se ha dedicado a hacer el bien al pueblo neogranadino sin reparar en los sacrificios que ello implique, así sea arriesgar y sacrificar bienes de fortuna y hasta la propia vida, porque el venezolano nació para servir a quien lo necesite.
Pero como dice el viejo refrán “De malagradecidos el infierno está lleno”, y el vicepresidente colombiano es uno de ellos.
Porque pertenece a la rancia oligarquía colombiana, cuya envidia y odio llevó al sepulcro a Bolívar, el hombre que al frente de su Ejército con sus soldados, hijos del pueblo venezolano, cruzó Los Andes para liberar en Boyaca a Colombia en una hazaña noble, muy distinta al Cruce de los Alpes por Aníbal y Bonaparte, ya el de ellos fue un acto de conquista y el de Bolívar una gesta libertaria.
Una clase social que después de matar con su ingratitud a Bolívar en 1830, arrojó al pueblo colombiano a los abismos de una guerra de 187 años, que ha terminado gracias a Chávez, otro hijo de Venezuela, como Bolívar, ya que el supremo y eterno comandante, gravemente enfermo como estaba, dedicó los últimos meses de su vida impulsar un diálogo que culminó con la firma de un acuerdo.
Un acuerdo de paz que todo el mundo deseaba, menos esa oligarquía a la que pertenece el vicepresidente colombiano, que ama la guerra y vive como parásito de la sangre y el trabajo de un pueblo al que ha explotado, marginado y arrojado a abismos del hambre, miseria, ignorancia, enfermedad y demás plagas sociales, que siente un odio visceral hacia todo lo que sea venezolano.
De allí que Germán Vargas Lleras el miércoles pasado en el acto de entrega unas viviendas a varias decenas de familias colombianas en la población de Tibú, fronteriza con Venezuela haya dicho: “Esto es para población desplazada, pero que viva en Tibú(…) Por nada en el mundo, esto no es para los “venecos”.
Esas soluciones habitacionales forman parte del programa de viviendas gratuita del gobierno colombiano para la población desplazada que es de 6,9 millones en un país de 48 millones de habitantes donde una vivienda digna para la inmensa mayoría de los colombianos es un sueño imposible de hacer realidad ya que viven en ranchos sin servicios básicos en el campo y en los cinturones de miseria que rodean las grandes ciudades.
Desde que se inició el programa, hace 4 años se han construido 130.000 pequeñas casas de 40 y 42 M2 cifra insignificante que está muy lejos de constituir una solución real para un problema tan grave y agobiante como lo es la falta de vivienda en Colombia que en cualquier momento podría generar un explosión social de impredecibles consecuencias.
Más insignificantes aún son, en cantidad y calidad, si se les compara con el Millón 400 mil viviendas, totalmente equipadas con muebles de sala comedor, dormitorio, servicios sanitarios, artefactos y equipos de línea blanca y marrón como cocina, nevera e iluminación y demás instalaciones eléctricas, entregadas no solo a familias venezolanas, sino también a decenas de miles de colombianas y colombianos residentes en el país.

Sin embargo, el vicepresidente colombiano ignora o simula ignorar esa realidad, al decir en el acto de entrega de un poco más de de doscientas casas y apartamentos entregadas en Tibú el miércoles que “Estas viviendas deben asignar, -reiteró- a la población desplazada, a la tercera edad y madres cabezas de familia, pero que no sean -remarcó- para los venezolanos.”
Lleras Vargas descargaba así todo su odio e ira, que son algunos de los bajos sentimientos que pululan en la mente de los miembros de la oligarquía colombiana, socavada por la miseria humana.
No debería preocuparse por la “amenaza de que “una sola” de esas viviendas sea otorgada a una familia venezolana, porque el gobierno venezolano tiene la capacidad y ha garantizado que entregara otorgara una casa o apartamento a toda familia que la necesite una, así sea venezolana o colombiana, porque en la revolución bolivariana no existe el egoísmo que hay en la mente de Vargas Lleras. Además no les gustaría vivir en una de esas minúsculas viviendas como las que entregó en Tibú el vicepresidente.
Lo que sí le gustaría al gobierno el pueblo venezolano y a los más de los 6 millones de colombianos que llegaron al país en los últimos años como desplazados huyendo de la guerra, del hambre, la miseria y la pobreza y que hoy viven dignamente trabajando y conviviendo en plena armonía con los venezolanos, es escuchar la debido excusa de parte del xenófobo Vargas Lleras.
De allí que el presidente Nicolas Maduro personalmente haya rechazaba la carga de odio del vicepresidente colombiano y exigido de su parte que “se retracte de su declaración xenófoba.”
“Hago una exigencia pública al vicepresidente Germán Vargas Lleras, -dijo el domingo el mandatario desde Guayana en su semanal programa radio-televisivo- para que se retracte y pida disculpas por esa agresión continuada de xenofobia, odio e irrespeto, del señorito de la oligarquía colombiana.”
Por su parte, la Cancillería venezolana emitió dos comunicados, en los que “expresa su enérgica protesta y rechaza las denigrantes declaraciones emitidas por el vicepresidente de la República de Colombia Germán Vargas Lleras contra el pueblo de Venezuela, al tiempo que repudia categóricamente el contenido de las mismas , por constituir una agresión contra el Gobierno Constitucional de Venezuela.”
¿Y cual ha sido la reacción de Vargas Lleras frente a ese justo como legal reclamo?
La del cínico, la del soberbio y prepotente que es ese engendro de que cegado por la miseria humana que corroe su mente como hijo que es de la rancia oligarquía colombiana, huyendo hacia adelante no ha tenido más respuesta que dar, mintiendo al decir en el climax de su cinismo que:
“Yo no quise ofender al pueblo venezolano. Ese gentilicio que utilicé es un término amable.” Pobre hombre: no llega a comprender que como afirmó Cervantes: “de gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud.”
De allí que, ciertamente, por ingrato, ante los ojos del mundo, Germán Lleras Vargas es “un mal nacido.”

31/01/2017 - 07:18 pm