El cadete de 1971

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Caracas, 06 Nov. AVN.- Su humildad e inocencia nunca lo llevaron a imaginar que las cúpulas oligárquicas que dirigían a la Fuerza Armada, en la década de los setenta, lo odiarían. Los soldados de entonces eran formados para reprimir y amparar crímenes de lesa humanidad bajo las directrices de la Escuela de las Américas, con el único objetivo de resguardar los intereses de Estados Unidos y sus aliados en la región.

Con apenas 16 años de edad llegaba a Caracas con una maleta cargada de sueños y el más grande de ellos era ser como su ídolo: el pelotero Néstor Isaías "Látigo" Chávez, lanzador de los Navegantes del Magallanes.

Ese anhelo empezaría a cambiar a partir del 8 de agosto de 1971, cuando ese joven humilde, que vendía arañas (dulce de lechosa típico de los llanos venezolanos) en Sabaneta de Barinas, comenzó a recorrer los espacios de la Casa de los Sueños Azules, la Academia Militar de Venezuela y, tres meses después, el 6 de noviembre de 1971, recibiría en el Patio de Honor de ese reducto, la Daga de Cadete que lo acreditaba para estudiar en la promoción Simón Bolívar.

"Uno de mis nacimientos, mi esplendoroso nacimiento, ocurrió en la Academia Militar de Venezuela (...) la cuna de la Revolución Bolivariana. Cada vez que vengo me llega una avalancha de recuerdos, recuerdos que se convierten en fuerza de vida y esperanza de un futuro mejor".

En sus recuerdos quedaron marcados aquellos dos días, el 8 de agosto y el 6 de noviembre: "Cuando entré a la Escuela Militar era un muchacho simple, buen estudiante, deportista y quería superarme, pero no puedo decir que era un bolivariano porque ni siquiera había tenido militancia política (...) Cuando recibí esa daga, después de tres meses duros, me entró un frío por dentro, me di cuenta de que la cosa ya iba en serio".

Ya dentro, comenzó a entender su entorno y a cuestionarlo, a ver que por encima de sus anhelos había una aspiración mayor, la esperanza de vivir en una patria nueva, libre, independiente y soberana, llena de justicia, solidaridad, feliz y plena.

En esa casa hilvanó sus ideas, las más humanas y revolucionarias, y conoció la militancia política como una herramienta para emprender con certeza su proyecto de vida y convertirse entonces en el hombre de mirada fija, transparente y profunda, que quedó impregnado por el ideario y el sueño patriota del Libertador.

"Me asaltó Simón Bolívar, me llegó. Ciento cincuenta años nos cayeron encima. Fue aquí cuando me hice bolivariano".

La rebeldía que se gestaba en su fuero interno debía ser cuidadosamente administrada, pues las ideas subversivas y justicieras nunca fueron del agrado de los directivos de esa Casa de Estudios, donde obtuvo las más altas calificaciones, y del Alto Rango militar que acataba órdenes del ahora llamado Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica perteneciente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

"Es más que una casa, es un templo de nacimiento, es una cuna (...) cuando ingresaba a la escuela militar de Venezuela, comenzaba a amanecer de nuevo (...) Poder construir una patria socialista fue la voluntad que me invadió y ese poder sigue creciendo cada día más".

La aversión que notó en aquellos jefes militares contra las ideas libertarias e inclusivas, lo llevaron años más tarde a iniciar el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), organización cívico-militar que marcó el renacer de la patria bolivariana y socialista.

Para preservarla, este aspirante a cadete que luego se tituló en julio de 1975 con el grado de subteniente de Artillería, especializado en Ciencias y Artes Militares, en la rama de Ingeniería, mención terrestre, y que posteriormente se convirtió en Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, reiteró siempre la necesidad suprema de formar soldados revolucionarios.

"Esa es una de las tareas supremas (...) porque más nunca el imperio yanqui, ni la burguesía venezolana, ni ninguna burguesía va a colocar a la gloriosa Fuerza Armada creada por Miranda, Bolívar, Sucre, al servicio de intereses imperiales contra el pueblo, eso más nunca debe ocurrir (...) La respuesta debe ser más unidad interna, más conciencia, desde los altos mandos hasta esos aspirantes a cadetes, más unidad con el pueblo, más conciencia patria".

Y es que ejercer la carrera militar, sin duda, además de darle inmensas satisfacciones, le otorgó el honor sagrado de defender a su pueblo por encima de los intereses foráneos, mezquinos y corruptos que reinaban en el país.

"Yo sigo la gloriosa carrera de las armas, sólo por obtener el honor que ellas dan: por libertar a mi patria y por merecer el honor de mi pueblo (...) es un honor (...) defender la soberanía y el pueblo sagrado de Venezuela".

Hoy se cumplen 45 años de la investidura del cadete de 1971 llamado Hugo Rafael Chávez Frías, el mismo que forjó en los espacios de la Academia Militar, el sueño de una república soberana y libre, renacida en unión cívico-militar.

"Podemos estar humildemente orgullosos: hemos cumplido nuestro papel, hemos jugado nuestro juego, hemos ocupado nuestras trincheras de batalla, aún a costa de nuestra propia vida, en defensa de la patria de Bolívar, de la patria de nuestros padres, de la patria de nuestros hijos, y aquí está Venezuela, renacida y en revolución", expresó Chávez el 6 de noviembre de 2011 durante el acto de investidura de los cadetes de la promoción José Félix Ribas, mismo día que se cumplían 40 años de su investidura en ese Patio de Honor.

 
 
 
 

06/11/2016 - 09:53 am
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