EEUU, el imperio que siembra vientos y cosecha tempestades

Caracas, 01 Nov. AVN.- Estados Unidos (EEUU), que en su demencial afán por conquistar el mundo siembra vientos de terror desatando masacres y guerras contra pacíficos pueblos, cosecha tempestades de horror que asolan a su propia gente, víctima de la venganza de hijos de los pueblos que asesinaron y de una horda de psicópatas miembros de una sociedad enferma contagiada con la plaga de la muerte transmitida por sus gobernantes.
Nueva York volvió a ser blanco, este martes, de un nuevo atentado terrorista, perpetrado por Sayfullo Saipov, de 29 años de edad, emigrante de Uzbekistán, posiblemente simpatizante o activista de una organización que combate al Gobierno de país cuya población sunita musulmana, de más de 90 %, miembro asociado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en la guerra contra Afganistán, donde la coalición liderada por EEUU ha causado miles de muertes.
Saipov embistió con una camioneta a decenas de ciclistas que iban por una ciclo-vía, matando a 8 de ellos e hiriendo gravemente a más de una decena, siendo herido por la policía cuando huía tras gritar, según algunos testigos: “Allahu akbar”, en árabe, es decir, “Dios es Grande”, lo que refuerza la hipótesis de que se trató de otro atentado más de los perpetrados por el Estado Islámico en los últimos años en Europa y EEUU.
Pero, las masacres perpetradas en el país por los psicópatas estadounidenses superan a las de los vengadores musulmanes, como lo fue la del 12 de junio de 2016 en Pulse, la discoteca de diversidad sexual en Orlando, en la que Omar Mir Seddique Mateen mató a 50 personas e hirió a 53, ya que -según pruebas presentadas por científicos, expertos en siniestros y periodistas- la del 11 de septiembre 2001 no fue obra de Al Qaeda sino un auto-tentado del Gobierno yanqui.
La mayor de todas hasta ahora fue la masacre de Las Vegas, capital estadounidense del Pecado, del vicio del juego, de la prostitución, de la trata de personas, fundada en medio del desierto de Mujave por un gangster llamado Benjami “bugsy” Siegel, ciudad que tiene una historia trágica y sangrienta, que empezó con la muerte de su creador acribillado a balazos por los sicarios de Lucky Luciano, su rival en la carrera del gangsterismo norteamericano.
Fue allí donde Stephen Graig Paddock, de 64 años de edad, hijo de un ladrón de bancos que en su tiempo fue el delincuente más solicitado por las autoridades, desde el piso 32 del Hotel Bahía Mandalay, armando de una ametralladora y decenas de fusiles de asalto, asesinó a 59 personas e hirió a más de 500 que asistían a un concierto de música country que allí tenía lugar el pasado 1º de octubre.
Es la más reciente y la mayor de todas las masacres cometidas en las últimas tres décadas en Estados Unidos, más de una generación de psicópatas, perturbados mentales engendrados por esa sociedad enferma que es la estadounidense, que aprendió a matar guiada por sus gobernantes que mientras desde niños les enseñaba cómo hacerlo en el cine y la televisión, mandaba a sus hijos a asesinar pueblos.
A los millones de soldados que volvieron de la guerra convertidos en asesinos, que mataron a sus compañeros de armas, a sus esposas, afectados por el estrés postraumático y que terminaron escapando por la puerta del suicidio tratando de huir de las pesadillas que les atormentaban día y noche, viendo desfilar en sus sueños los fantasmas de millones de inocentes que mataron.
Fue así como se inició esa avalancha incontenible de horror y muerte desatada por niños, adolescentes y adultos que han segado las vidas de decenas de miles de estadounidenses, sin razón aparente alguna, porque hasta después de cometer sus crímenes se vino a descubrir que eran unos psicópatas asesinos en serie.
Facilita su letal tarea, la más poderosa organización criminal de los EEUU, oculta tras la fachada de la Asociación Nacional del Rifle, dedicada a la venta de armas a personas mayores de 18 años de edad, con el pretexto usarlas para su defensa personal, y que van desde un simple revolver hasta una ametralladora, un fusil de asalto y cualquier otra destinada a quitarle la vida a un ser humano.
Jorgeyarse, bloguero que se identifica como “filósofo de formación”, exprofesor universitario y periodista, director de una agencia de noticias, de una revista cultural y de programas de televisión, actualmente director de una empresa de consultoría en liderazgo, escritor y conferencista, afirma con toda la razón del mundo en un artículo en las redes hace 4 años, que “Estados Unidos es el reino de los psicópatas”.
Su texto comienza diciendo: “San Ysidro, California (1984), Columbine, Littleton, (1999), Red Lake, Minnesota (2015), Bartt Township, Pennsylvannia (2006), Omaha, Nebraska, (2007), Virginia Tech, (2007), North Illinois (2008), Phoenix-Cleveland (2008), Geneva y Samson, Alabama (2009), Fort Hood, Texas (2009), Binghamton,Nueva York (2009), Tucson, Arizona (2011), Aurora, Denver (2012), Chardon, Cleveland (2012), Newtown, Conneticut (2012), Boston, (2013), Washington, Navy Yard (2013), sólo para mencionar algunas y un largo etcétera hacia atrás y otro desafortunado y desconocido etcétera de lo que vendrá hacia adelante. Cada vez más frecuentemente se presenta este terrible destape de alcantarillas cerebrales que se revientan y vierten toda su podredumbre criminal sobre una sociedad indefensa”.
“Se siguen vendiendo armas en todo el país, al alcance de todos los bolsillos y apetencias, sobre todo, de las mentes enfermas que tienen la enorme facilidad de ponerlas en acción contra los inocentes. El Congreso no aprueba nada sobre la restricción. Luego viene la parafernalia de la policía, del FBI y del gobierno para decir que se hará implacable justicia, pero no pasa nada porque los intereses creados terminan favoreciendo a los vendedores de armas”.
“De nada valen los muertos ni las lágrimas de sus familiares ni los despliegues noticiosos en torno a esos demenciales crímenes.
“Ningún país está exento de esa plaga, pero, paradójicamente, en el país símbolo del Capitalismo, del consumismo y de la libertad individualista, padece como ninguno una “locura colectiva, sin precedentes, como si se estuviera enviando un mensaje al mundo sobre los extremos a los que se puede llegar cuando una sociedad entera se enferma de un mal difícil de detectar y de curar”.
Difícil, por no decir imposible, mientras exista o se le permita actuar libremente a la Asociación Nacional del Rifle, la súper poderosa National Rifle Association (NRF, por sus siglas en inglés), que financia las campañas electorales de los aspirantes a la presidencia de EEUU, como lo hizo el año pasado aportando decenas de millones de dólares a la de Donald Trump,
“Tienen un auténtico amigo en la Casa Blanca”, les dijo a sus directivos que lo invitaron en abril pasado a su reunión anual, al cumplirse 100 días de su llegada a la Presidencia.
“Ustedes me han apoyado y yo los voy a apoyar”, recalcó.
Sus palabras significan que continuará desatándose incontenible la avalancha de muerte que todos los días ciega vidas de estadounidenses, un niño, un adolescente, un hombre y una mujer abatidos por la bala de un revolver o la ráfaga de un fusil de asalto o una ametralladora que se venden como “pan caliente” en las miles de armerías miembros de la NRF.
Son las víctimas de los psicópatas que pululan en una sociedad enferma que está pagando por los crímenes de sus dirigentes que la enfermó haciendo que engendrara a esas mentes criminales que matan a su propia gente y propiciaron la ola de terrorismo que hoy inunda a EEUU y a sus lacayos, los Estados vasallos de la Otan, desatada por los hijos de los pueblos que impunemente asesinaron.
No lo hacen en nombre de las organizaciones terroristas creadas, entrenadas y financiadas por EEUU y sus secuaces europeos, a las que pertenecen, sino como auténticos hijos de Libia, Irak, Afganistán, Yemen, Somalia y demás pueblos que los ejércitos yanqui, europeos y de otros gobiernos lacayos del imperio que asesinaron a millones de sus hombres, ancianos, niños y mujeres
Soldados convertidos en maquinas fabricantes de muerte, enfermos como los psicópatas que en EEUU matan a su propia gente.

01/11/2017 - 09:04 am