Enloquecieron los que quieren destruir la Revolución Bolivariana

Dignos de lástima, pese al mal que pretenden hacer a un pueblo, son esos infelices que enloquecidos deambulan por las calles y plazas de Caracas o otras ciudades de Venezuela y los que desde Colombia y otras partes del mundo, como alimañas y fieras sedientas de sangre buscan clavar su ponzoña o sus colmillos en el cuerpo de la Revolución Bolivariana inoculado contra su veneno y sus garras.
Mentes enfermas como la de Guevara, que vive en paraísos artificiales donde dice sandeces como esa de que el “lunes haremos ingobernable a Venezuela”; o como Uribe quien sueña con ver envuelta a la Patrias de Bolívar en los horrores de una guerra fratricida como la vivió Colombia por más de medio siglo y que terminó gracias a las gestiones de paz de Chávez y de Maduro.
Son tantas las veces que lanzan sus alaridos de locura golpista `plagados de calumnias que pese a ser repetidas y magnificadas por los medios asalariados del Imperio, no llegan a convertirse en verdades, como sostiene la tesis “goebbeliana”, porque ya nadie se las cree y frustrados se lamen las heridas del fracaso, aullando al paso de la triunfal caravana de la Revolución Bolivariana.
Una de las más increíbles de esas falacias es la que vertió Uribe el domingo desde su ponzoñosa lengua, “El alacrán” que odia la paz y ama la guerra”, como se le conoce en Colombia y en todo el mundo por ser enemigo jurado del proceso pacificador que puso fin a un conflicto bélico que inundó de sangre, dolor y lágrimas al pueblo neogranadino, diciendo que:
Las evidencias abundan, cómo la tiranía en Venezuela masacra a los ciudadanos (…) además los criminales de los colectivos disparan en las calles y en los campos de Venezuela contra ciudadanos sin armas, los asesinan.
Al parecer, este psicópata, asesino en serie, (más bien en “masa” se diría) en su delirio de esquizofrénico adictivo, confundió a la Patria de Bolívar con la Colombia de la tenebrosa época de su mandato. era de terror inenarrable que duró ocho años, y no fueron más, porque se le descubrió la trampa del soborno que tendió para reelegirse por segunda vez, prohibido por la Constitución de la República de Colombia.
Allí sí se asesinaba en las calles y en los campos a los ciudadanos, indígenas, afro-descendientes y campesinos; decenas de miles hombres, niños y mujeres, degollados, desmembrados por las moto-sierras de los paramilitares que lanzaban los restos de sus cuerpos a los ríos para ser devorados por los peces y caimanes.
Y “Los Falsos Positivos”, otro crimen de lesa humanidad del ejército colombiano que perdió el honor militar durante su mandato, porque muchos de sus comandantes, criminales como Uribe, frustrados por no poder eliminar subversivos, enviaban a sus efectivos a asesinar, a cambio de ascensos y dinero, a matar a miles de jóvenes a quienes presentaban como “guerrilleros muertos en combate”.
Se cuentan por decenas de miles las víctimas de esos crímenes, tantos, que por culpa de Uribe convirtieron a Colombia en un gigantesco cementerio de fosas comunes donde fueron sepultados en recónditos lugares donde miles aún permanecen enterrados.
Otra de las cínicas mentiras dichas por Uribe, quien aparece bajo el No.81, tres puestos después de Pablo Escobar, el No.79 en la lista elaborada por la Secretaria de Defensa de EEUU, que contiene los nombres de los principales narcotraficantes de esa su época es haber dicho que
“Venezuela se ha convertido en una plataforma de exportación del narcotráfico en asociación con el grupo terrorista de las FARC”.
Falaz afirmación la suya, pues es su país el principal productor y exportador de drogas del planeta, cuya producción se ha duplicado ‘ por culpa de los gobiernos de Colombia y de EEUU que invirtió más de 7.000 millones de dólares en el Plan Colombia supuestamente para combatir al narcotráfico y los usó en la guerra contra la guerrilla, a la que no pudo vencer, como tampoco a los narcotraficantes.
La verdad derribó ese andamiaje de calumnias levantado, ya que Venezuela se ha convertido en el mayor enemigo de ese flagelo en el mundo al decomisar miles de toneladas de droga, derribar aviones que la transportan, destruir pistas de aterrizaje clandestinas y capturar decenas de barones de la droga, tantos, que uno de ellos, un traficante colombiano tras ser capturado dijo que
“El mayor error de un narcotraficante es venir a Venezuela.”
Pobres infelices. Son dignos de lástima a pesar del daño que pretenden hacerle al pueblo con sus marchas violentas, con terroristas contratados, con saqueo de comercios, con la quema de vehículos, con su criminal intento de incendiar un hospital materno-infantil con decenas de recién nacidos y sus madres adentro, con su prensa mercenaria y
Con el “Plantón” anunciado por Guevara, el golpista que vive en Paraísos artificiales en medio de espejismos en los que imagina ver una “ingobernable Venezuela” y las calumnias y mentiras de Uribe, el narcotraficante, psicópta asesino en masa que hizo de Colombia un gigantesco cementerio de fosas comunes. ¡Pobres diablos! Son dignos de lástima.

24/04/2017 - 09:06 am