Los que queman libros y hombres en Venezuela pertenecen a la raza de monstruos que lo hicieron en Alemania, Argentina, Chile y Colombia
“Allí donde se queman libros se termina quemando seres humanos” Heinrich Heine
La codicia que corroe la mente de algunos desquiciados les impulsa a veces a tomar el poder en un país sin importarles que su presidente haya sido elegido en democráticos y transparentes comicios por el pueblo, contra el que desatan todo su odio y e ira atentando contra su cultura, quemando libros por considerarlos un peligro para su dominio y luego proceden a quemar vivos a seres humanos porque el miedo les hace ver enemigos en todas partes.
Y es que “La quema de libros- como vislumbró Heine en el siglo XIX- termina con la quema de seres humanos”, premonición hecha realidad en el siglo XX cometidos, primero en Alemania, y desde allí pasaron a América Latina a través de las dictaduras de Chile y Argentina, a Colombia con fanáticos religiosos y ahora a Venezuela con una horda de codiciosos golpistas que en sus manifestaciones, además de libros queman vivos a los jóvenes.
Imborrable ha quedado grabada para siempre en la memoria de la humanidad “La Noche de las Antorchas” del 10 de mayo de 1934 cuando en Berlín y otras ciudades alemanas, miles de jóvenes estudiantes envenenados por el odio que les inoculó Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, echaron al fuego decenas de miles de obras de famosos escritores por considerarlos enemigos del nazismo.
Cuatro décadas más tarde, a partir del golpe de Estado en Chile en 1973, los esbirros de Pinochet que trataron de quemar vivo a Allende en el palacio presidencial, donde resistió hasta la muerte, descargaron todo su odio e ira fascista contra el pueblo y la cultura asesinando a miles de chilenos y quemando millones de libros.
Tres años después, los “gorilas” argentinos, hicieron lo mismo, porque estaba escrito en “el Plan Cóndor” que aplicaron por orden del Imperio, destruir todo lo que era cultura, para mantener embrutecido al pueblo, olvidando que esta, jamás muere, porque como dijo Neruda, “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la Primavera”.
Y no solo quemaron millones de libros, sino también aquellos simios con rostro humano prohibieron la lectura de libros de autores progresistas y revolucionarios, y de todo aquella obra que lo que les pareciera Marxista además de ser echada al fuego no podía leerse y el que fuera sorprendido haciéndolo era arrestado y en no pocos caso, asesinado o “desaparecido”-
En Colombia se perpetró otra quema de libros, crimen contra la cultura, menos conocido, pero no por ello menos salvaje, fue “la Noche de la Hoguera”, satánico ritual que el 13 de mayo de 1978 –Día de la Virgen de Fátima- celebraron en la ciudad de Bucaramanga los miembros de la Sociedad Católica Pío X en la Plaza del mismo nombre.
La invitación al tenebroso acto se hizo siguiendo el riguroso protocolo social que exige la rancia oligarquía para tales ocasiones, como fue la distribución de volantes que fueron colocados en los puntos céntricos de la ciudad por los miembros y ayudantes de la Sociedad de San Pío X vinculada con la macabra organización internacional fascista “Tradición, Familia y Propiedad”, a la que pertenecen políticos de la oposición criolla.
En uno de ellos se leía: “La Sociedad de San Pío X y su órgano informativo “El Legionario” invitan al Acto de Fe, en donde se quemará revistas pornográficas y publicaciones corruptoras. Estos actos se realizarán el 13 de mayo, alas 8 de la noche en el parque de San Pío X, en desagravio a Nuestra Señora, la siempre VIRGEN MARÍA, Madre de ¨Dios y Madre nuestra. Nota: Lleve Ud. periódicos, revistas o libros pornográficos para quemar.”
Aquella noche fueron devorados por las llamas centenares de libros de famosos escritores y poetas, entre ellos obras de García Márquez, de Vargas Vila, Marx, Descartes, Nietzsche, Víctor Hugo, Proust, Thomas Mann y hasta un ejemplar de la Biblia protestante por considerarlos “enemigos de la fe y su lectura un peligro para la juventud colombiana”.
Cabe recordar que entre los participantes de ese diabólico ritual se encontraba Alejandro Ordoñez, entonces estudiante de Derecho, quien se convertiría en Procurador General de la Nación, moderno inquisidor político y religioso, amante de la guerra, entre cuyos y enemigo de la paz entre cuyos desafueros figura la destitución de Piedad Córdova del cargo de Senadora y su inhabilitación para ocupar cargo oficial durante 15 años.
“Que un individuo gris y mediocre haya pasado de quemar libros, a ocupar uno de los más altos cargos del Estado, -señala el periodista Renún Vega Cantor en un revelador trabajo titulado “Los Libros en la Hoguera” publicado el 14 de agosto de 2013 en el diario virtual “Rebelión”- indica en gran medida cómo es la Colombia actual, en la que no se necesita ninguna preparación intelectual, sino simplemente ser un inquisidor o un censor, con el mismo nivel de brutalidad y cinismo que caracteriza a los grandes medios de comunicación y que a diario someten al linchamiento político a todo aquel que no comulga con el orden establecido y/o piensa distinto.”
Pero como dijo Heine la quema de libros, brutal crimen contra la cultura que termina quemando gente, es una pandemia histórica, plaga de barbarie y odio incontenible que venciendo el tiempo y la distancia atraviesa mares y cruza fronteras, y del Cono Sur pasó a Colombia, donde sus llamas se propagaron atizadas por la violencia, destrucción y muerte que ha dejado una guerra de más de medio siglo, ha pasado a Venezuela.
Ese actos tan salvajes, de barbarie extrema, no se conocían en nuestro país hasta que Leopoldo López, María “Malinche” Machado y Antonio Ledezma, trío de fascistas, psicópatas asesinos en serie, desataron en febrero de 2014 la furia de La asonada golpista que fue La Salida, con la que pretendían derrocar al Presidente Nicolás Maduro, liderando una horda de violentos que quemaron miles de libros en universidades.
Incendiaron cisternas de combustible, ambulancias, patrullas policiales, estaciones del Metro y Metrobuses con sus conductores adentro y un kinder con 89 bebés en su interior, salvados gracias a la rápida acción de los bomberos; degollaron a 2 motorizados con sus “guayas” asesinas, y hoy, a 2 años del fracaso de La Salida, han retomado fuerza causando más de 60 muertos, 3 jóvenes entre ellos, a los que quemaron vivos.
Realizan desde hace 66 días nuevas maniobras desestabilizadoras, como esas marchas al frente de las cuales colocan niños como “escudos humanos” y a las que ellos y los medios mercenarios del Imperio llaman “pacíficas”, que dejan una sangrienta estela de violencia, destrucción y muerte que la prensa asalariada nacional e internacional las atribuye a las fuerzas del orden que no usan armas de fuego y estoicamente resisten sus ataques de bombas molotov, heces y morteros.
Utilizar la violencia les hizo perder el respeto del mundo, quedándoles solo el apoyo de sus cómplices europeos y los lacayos de EEUU en la OEA, aislados como ellos por el resto de los países democráticos, progresistas y revolucionarios en el foro, a quienes Marcos Rubio, el infiltrado de la “gusanera mayamera” en el Senado yanqui, ofendió su dignidad al tratar de sobornarlos para que votaran contra Venezuela, y quedó como lo que es: un gusano.
Esos crímenes de lesa humanidad son apenas una parte de los centenares más que han perpetrado y que siguen cometiendo en el marco del Golpe de Estado continuado de más de 18 años, una de la más brutales conjuras de la historia desatada por una legión de vasallos imperiales en su compulsivo y ciego afán por destruir la Revolución Bolivariana.
Solo el estoicismo, la indoblegable resistencia y voluntad de lucha en defensa de los valores y principios y su apego a legales y legítimas normas del derecho por parte del gobierno bolivariano liderado durante los primeros 14 años por Chávez, creador de ese inédito y pacífico proyecto y continuado por Maduro su hijo político y heredero de su legado, le han permitido neutralizarla y derrotarla.
Y es que Maduro, a quien el Comandante eterno, designó como su sucesor días antes de partir hacia la inmortalidad y la gloria, cuenta la lealtad del pueblo, las FANB, la PNB y de esa legión de colaboradores que en todas las demás instancias gubernamentales le acompañan en la lucha que libra en todos los frentes de batalla de la guerra de Cuarta Generación lanzada por el Imperio, la caterva de apátridas criollos y sus secuaces extranjeros.
Conspiran desde Washington, en el Congresos, infiltrado por enemigos jurados de la Revolución cubana y Bolivariana, virus de la plaga “gusanera mayamera” como Marco Rubio, Ted Cruz e Ileana Ros Lehtienen, promotores de medidas ilegales y aberraciones jurídicas como el absurdo y ridículo Decreto de Obama que declara a Venezuela como “Un peligro inusual y extraordinario para la seguridad nacional y una amenaza para la política exterior de EEUU.
Desde Miami, donde habitan como ratas de albañal en medio de la suciedad de sus andanzas desestabilizadoras lo hacen los fugitivos de la justicia: golpistas fracasados, banqueros ladrones que huyeron con los millones de dólares que robaron al pueblo venezolano; especímenes en peligro de extinción, “viudas” de la Cuarta Repúblicas que viven del recuerdo de sus viejos y extintos privilegios y el imposible sueño de recuperarlos ilegítima e ilegalmente a través de un golpe de Estado.
Y el 1º de Mayo esa canalla despertó sorprendida de ese imposible sueño al escuchar al Presidente-Obrero pronunciar la sentencia que condena a muerte la conspiración política económica, diplomática, mediática, financiera y monetaria que se les vino abajo después de tanto tiempo y dinero invertidos con el exclusivo fin de destruir la indestructible Revolución Bolivariana.
Fue la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente que Maduro hizo ante los miles de mujeres y hombres trabajadores que celebraban su día, destinada a hacer fracasar a la conjura desestabilizadora que tanto daño ha hecho al pueblo con sus maniobras de desabastecimiento, acaparamiento de medicinas, alimentos, “bachaqueo” y ese crimen, el más abyecto de todos, que es la quema de libros y de seres humanos.
Y es que al asesinar como lo están haciendo, cometiendo crímenes tan horrendos como ese de quitar vida a un ser humano, ya sea con la bala disparada por un arma de matar ganado, a puñaladas, o convirtiéndolo en antorcha humana, están violando el Quinto Mandamiento de la Iglesia Católica a la que pertenece la mayoría de ellos, el cual dice : “No Matarás”.
Que “la vida humana es sagrada, porque desde su comienzo es Dios quien la crea. Solo Dios es Señor y Dueño de la vida, desde que comienza hasta que termina; nadie, en ninguna circunstancia, tiene derecho a matar a una persona”.
Y su otro gran “pecado” que como católicos cometieron, es haber ofendido al Papa, despreciando su sabia mediación en el Diálogo que busca restablecer la paz social que sistemáticamente han violado con sus sangrientas manifestaciones, porque aman la violencia que trae la muerte y se niegan a sentarse a la mesa de negociaciones con el gobierno en presencia del representante del Sumo Pontífice acompañado de los ex presidentes Fernández, Torrijos y Rodríguez Zapatero.
Pobres infelices, esos que quemaron libros y perpetraron el más cobarde y vil de todos los crímenes: el haber quemado vivos a seres humanos. No tienen salvación alguna ni en, la tierra ni en el cielo, pues además de estar condenados por las leyes del hombre, lo están por la Ley de Dios, y su destino no es otro más que el basurero de la historia.

05/06/2017 - 08:20 am