Trump desesperado

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus cercanos colaboradores en el Gobierno jamás imaginaron el castigo que daría la naturaleza a su país y la condena que el Gobierno y pueblo venezolanos, gobiernos, organizaciones políticas y sociales, medios, intelectuales y ciudadanos dignos y honestos del mundo darían a su ilegal e ilegítima medida financiero-energética contra Venezuela.
Fue ante el fracaso de la misión dada a sus secuaces criollos y extranjeros de destruir a la Revolución Bolivariana que el Gobierno yanqui decidió encargarse directamente de la empresa, lo que llevó al Mandatario yanqui a aprobar sanciones que, de acuerdo con los cálculos de los “halcones” del Departamento de Estado, NSA y CIA, esta vez sí cumplirán su objetivo final: adueñarse de las ingentes riquezas naturales de Venezuela.
El multimillonario Steven Mnuchin, exdirectivo de Goldman Sachs, actual secretario del Tesoro, al comentar cínicamente esas acciones que violan flagrantemente el derecho internacional y valores éticos y morales que rigen la sociedad planetaria, dijo que con ellas “se “busca ahogar económicamente a Venezuela”.
Una nota publicada por AVN resume, sin embargo, el carácter conspirativo e injerencista de las mismas, destacando que “se imponen nuevas sanciones contra Venezuela, como parte de una arremetida sistemática contra el pueblo venezolano, que buscan limitar la capacidad operativa del Gobierno Nacional tras la constante reafirmación del carácter soberanista e independiente de la nación suramericana”.
“Prohíbe a todos sus socios comerciales y financieros, a empresas estadounidenses o con capital en Estados Unidos a realizar cualquier transacción comercial con Petróleos de Venezuela -Pdvsa”- , principal industria que sostiene la economía del país
“Estados Unidos prohíbe operar nueva deuda emitida por el Gobierno de Venezuela y su empresa petrolera estatal (Pdvsa). También prohíbe las transacciones en ciertos bonos existentes, propiedad del sector público venezolano, así como los pagos de dividendos al Gobierno de Venezuela, medidas que constituyen un bloqueo económico abierto dirigido a afectar directamente las condiciones de vida de la población”.
Se equivocan, tanto el imperio yanqui como los gobernantes de Estados vasallos europeos y latinoamericanos, que se frotan las manos pensando como su amo, al pensar que con esas acciones derribarán la monolítica roca del inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Hugo Chávez, continuada por Nicolás Maduro, su hijo político y heredero de su legado libertario.
Y más equivocados y alegres aún los golpistas criollos que sobreviven en la MUD, que en un acto imperdonable de traición a la patria, al país que los vio nacer y dándole la espalda se vendieron al imperio por un puñado de dólares, desatando un golpe de Estado continuado de más de 18 años, y que viendo fracasados todos los intentos por destruir la Revolución Bolivariana promueven las sanciones aplicadas hoy por su amo.
Pero, sereno y confiado, aunque sin subestimar la gravedad de la situación creada, el Presidente-Obrero celebró una reunión con sus ministros y expertos asesores financieros y petroleros en el Palacio de Miraflores y desde allí se dirigió, por cadena nacional de radio y televisión, al pueblo venezolano para tranquilizarlo y garantizarle que, como “siempre, saldremos victoriosos del ataque económico de Estados Unidos”.
Con la amplia visión geoestratégica y de estadista que posee, adquirida a lo largo de su amplia trayectoria y experiencia diplomática como canciller de la República durante la gestión del eterno y supremo comandante, Maduro -junto con sus asesores- comenzó a preparar las acciones orientadas a derribar el andamiaje levantado por los macabros planes económico-financieros imperiales”.
“No plagarán a Venezuela de miserias. La plagarán de dignidad, de orgullo, de rebeldía y de consciencia. Con Venezuela no podrán. Venezuela vencerá y prevalecerá el orgullo de ser venezolano, latinoamericano, caribeño”, expresó el jefe del Estado en frontal reto a la insolente amenaza de invadir a Venezuela y a la ilegal e ilegítima orden ejecutiva aprobada por Trump, el soberbio y prepotente mandatario yanqui.
Y es que, como él y quienes le antecedieron en la Casa Blanca, desde los tiempos de la gesta independentista de Venezuela hasta la Revolución Bolivariana, los Césares imperiales, incluyendo a George W. Bush, “El Nerón del Siglo XXI”, y a Barack Obama, Premio Nobel de la Paz que hizo la guerra, olvidaron que el pueblo venezolano es hijo de Simón Bolívar: “El hombre de las dificultades”.
Como también lo fue Chávez y lo es Maduro, por ser hijos del pueblo venezolano que heredó ese valor del Libertador, quien dijo: “Dios concede la victoria a la Constancia”, poco antes de librar una batalla frente a un enemigo superior en armas y número, al que derrotó cuando este le creyó vencido, pero perseveró en la lucha y lo venció como el Comandante y lo hará al Presidente-Obrero en esta nueva batalla contra el imperio más poderoso de la historia.
Porque la causa de la Revolución Bolivariana es noble y justa, surgida de un proyecto político e ideológico humanista, que no agrede a nadie, y cuyo “Ejército “Forjador de Libertades” sólo ha cruzado las fronteras patrias para liberar pueblos, jamás para sojuzgarlos como lo hace el imperio yanqui desde el mismo momento que nació como Estado, hace 241 años.
Una nación como Venezuela, cuyos hijos e hijas acuden en ayuda del país que lo necesita, víctima de una epidemia o asolado por un terremoto, incendios forestales, deslaves o huracanes, como el que acaba de asolar a Texas, destruyendo e inundando pueblos y ciudades como Houston, siendo el gobierno bolivariano el primero en solidarizarse con su pueblo y ofrecer su sincera y desinteresada ayuda.
Sea por premio a esa noble conducta, a la buena suerte, por respuesta divina a su vocación de buen samaritano que ayuda al prójimo como pueblo cristiano que es, o cualquier otra razón que quiera atribuírsele, como a ese decir que es un hecho y que dice que “quien agrede a Venezuela se seca”, que el imperio yanqui sufrió el castigo inexorable que sufre quien sin razón alguna ataca a Venezuela.
Lo cierto es que apenas transcurridos dos días de que Trump aprobara las sanciones financiero-energéticas contra el inédito y pacífico proyecto político e ideológico de Chávez, orientadas a destruirlo, a plagar de miseria, hambre y otras plagas sociales al pueblo venezolano, la naturaleza castigaba con la furia del huracán Harvey el corazón de la industria petrolera de Estados Unidos, ubicada en el Golfo de México.
Lamentablemente sus vientos, lluvias e inundaciones causaron la muerte de 10 seres humanos y cuantiosos daños materiales, estimados en más de 40.000 millones de dólares, destruyendo miles de viviendas, autopistas y vehículos en pueblos y ciudades de Texas, Lousiana y Misisipi y otros estados de la costa sur estadounidense, dejando decenas de damnificados que han sido alojados por las autoridades en refugios temporales.
Paradójicamente, no fue la industria energética ni las finanzas de Venezuela las que sufrieron esos daños sino la infraestructura de la industria petrolera estadounidense, que ha quedado virtualmente paralizada en todos sus procesos, desde los de perforación y producción en aguas del Golfo y en la costa firme hasta el refinación, distribución y venta de gasolina, gas y otros derivados.
Plataformas marítimas de perforación fueron evacuadas, paralizado el bombeo de petróleo que va a las refinerías cuyas labores han sido suspendidas por falta de la materia prima que produce la gasolina, el gas y el diesel, que movilizan las demás industrias del país y el gigantesco parque automotor de Estados Unidos, el más grande del planeta y, con ello, gran parte de las actividades económicas, financieras y comerciales, así como la vida social de la superpotencia.
Parece tener mucho de cierto ese decir que advierte que “quien agrede a Venezuela y a la Revolución Bolivariana se seca”.
Esa es Venezuela, la que tiende su mano amiga a quien le corresponde con su amistad sincera, con el amor y la paz que debe reinar entre hermanos y hermanas del mundo, pero que sabe defenderse de la codicia y la ambición de un imperio que pretende dominar al planeta con sus guerras de conquista, como la guerra económica y financiera que Donald Trump ha desatado contra el pueblo de Bolívar, de Chávez y de Maduro.
No podrá lograr su macabro objetivo, porque, como una vez dijo Bolívar: “Por fortuna se ha visto con frecuencia un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos”.
Y el pueblo y el Gobierno venezolano, de la mano de Maduro, el hijo político y heredero del legado libertario de Chávez, el eterno y supremo comandante, triunfarán sobre Trump y sus secuaces con las armas de la razón, la verdad y la justicia y porque no están solos, lo acompaña en su lucha el mundo de los dignos y honestos, que son la inmensa mayoría que le obligará a desistir de su locura.

29/08/2017 - 10:49 am