Capitalismo, fiera en agonía que devora hasta a sus propios hijos

La masacre cometida el viernes por un veterano de guerra en Florida, confirma una vez más que la sociedad estadounidense está enferma, víctima del Capitalismo, que para sobrevivir le indujo el virus de las guerras de conquista, la brutalidad policial que asesina minorías y las matanzas en escuelas, liceos, universidades y otros lugares, en incontenible espiral de violencia, destrucción y muerte.
La humanidad es hoy testigo de la tragedia de ese pueblo, víctima de sus propios gobernantes, los del imperio más poderoso de la historia, que está inexorablemente condenado a muerte, que acelera con su codicia y voracidad que le han hecho pensar a sus Césares que pueden conquistar al mundo, sueño acariciado por otros césares, del que despertaron a la realidad de su fracaso.
Como los gobernantes yanquis, que se niegan a aprender las lecciones de la historia, libro abierto en cuyas páginas puede leerse, cómo la soberbia y prepotencia que obnubila a los poderosos y les lleva a creerse invencibles, les lleva a terminar vencidos por los pueblos que sojuzgaron y se rebelaron contra su dominio.
Cómo hoy lo hace el pueblo de EEUU, rebelado contra la injustica, el racismo y la inclinación a la violencia que le inculcaron los gobernantes, los del país del “American Dream”, “El Sueño Americano”, espejismo que se desvaneció al descubrirse que es celada tendida a los ingenuos para someterlos a su proyecto de conquista planetaria y arrastrarlos a la guerra.
Fue en el marco de ese plan que el imperio envió a Esteban Santiago-Ruiz, autor de la masacre de Fort Lauderdale, a luchar en la guerra de Irak, como lo hizo con otros millones más a pelear allí y en Vietnam, Afganistán y también a bombardear desde el aire con sus cazas y drones asesinos a Yemen, Pakistán, Libia y Siria, lo mismo que a otros países, blancos de sus guerras secretas.
Y la mayoría de aquellos soldados que fueron engañados con la mentira de que luchaban en nombre de la libertad, regresaron convertidos en piltrafas humanas, desechable material de guerra, mendigando en las calles, viviendo bajo puentes, sufriendo hambre y frío, víctimas del Estres Post Traumático que les llevó, después de matar a combatientes extranjeros, a asesinar a sus propios compatriotas.
Y es que el Síndrome de Estrés Post Traumático, “Post Traumatic Stress Disorder”, (PTSD por sus siglas en inglés) lo padecen la mayoría de los veteranos de las aventuras bélicas que ha desatado EEUU desde las guerras de Corea y Vietnam hasta nuestros días, causando millones de muertes, envenenado miles de ríos y destruyendo cientos de pueblos, bosques y campos de cultivo.
Un mal que se anida en la mente de los soldados que participan en las guerras, generado por los actos de sadismo y otras formas de crueldad que ellos o sus compañeros de armas cometen y transformados en visiones fantasmales les roban la tranquilidad y el sueño, llevándolos al borde de la locura y a perpetrar masacres como las que frecuentemente cometen en EEUU y otros países.
Son tantos los veteranos de guerra yanquis afectados por el Estrés Post Traumático, que de acuerdo con las estadísticas, su número supera a los muertos en combate, y tantos los atentados que contra su vida cometen esos seres infelices, olvidados por un Estado Capitalista, que como “El Diablo, mal paga a quien bien le sirve” que en promedio, 22 de ellos se suicidan cada día.
No son responsables de los crímenes que cometen, lo son los gobernantes de un imperio donde rige el Capitalismo salvaje que para poder sobrevivir desata guerras de conquista y envía a sus soldados a invadir y sojuzgar pueblos para robarles sus recursos naturales, especialmente materias primas que utilizan sus industrias que las convierten en productos acabados.
Y como el sistema de justicia en EEUU es también cómplice del Capitalismo, ya ha formulado cargos por asesinato a través de procurador general contra Santiago-Ruiz, quien podría ser condenado a muerte, medida cruel y aberrante contra un ser humano enfermo que en cualquier otro país sería absuelto e internado en un hospital psiquiátrico y sometido al tratamiento médico que le fue negado.
Lo mismo ocurre con los cuerpos policiales estadounidenses, verdaderas legiones imperiales cuyos agentes reprimen brutalmente y asesinan con crueldad y saña inusitadas a hombres y mujeres de la minoría afroamericana, latina y caribeña a los que consideran delincuentes por el color de su piel y aspecto humilde, a los que persiguen, apresan, torturan y matan impunemente.
Con toda razón, el periodista André Damon, del portal World Socialist Web Site, escribió recientemente un reportaje, que “la sociedad estadounidense está atravesando una época de desigualdad social sin precedentes, en la que el Estado, incluidos los militares y la policía, se ven como una fuerza de ocupación, (en su propio país) que lucha contra una población hostil.
Y cuando no asesinan a los que vejan y torturan, los encierran en cárceles administradas por empresas privadas que sobornan jueces pagándoles buena suma de dinero para que los sentencien a largas condenas, pues el Estado Capitalista les paga una cuota diaria por cada prisionero, de allí que la población carcelaria de EEUU sea mayoritariamente afroamericana, latinoamericana y caribeña.
Es en ese escenario, que el 1%, gobernantes, jerarcas de Wall Street y el resto de los ricos, se erigieron en amos del 99% de la convertidos por la publicidad en esclava del consumismo, razón de existencia del Capitalismo, que junto con el miedo a la muerte que les inculca, los hace comprar armas y artículos que al poco tiempo desechan, muchas veces sin usarlos por considerarlos inservibles.
Y con el pretexto de la Seguridad, de salvarlos, primero de de morir a manos del hampa y después del terrorismo, fue que el Capitalismo, con el oculto propósito de aumentar el consumismo, hizo que los estadounidenses compraran toda clase de armas cuyo número supera a los más de 340 millones de habitantes del país.
Trágico error propiciado por ese insaciable afán de lucro, de amor al Dios dinero que enceguece al Capitalismo que rige en EEUU, ya que miles de esas armas en manos de psicópatas han desatado una gigantesca espiral de muerte a lo largo y ancho del país, perpetrando masacres en escuelas, liceos, universidades, teatros, discotecas y centros comerciales causantes de miles de víctimas.
Nada ni nadie puede contenerla, porque a su control se opone la National Rifle Association que la protege de cualquier acción reguladora la libre venta de armas ya que es una de las principales donantes de dinero de las campañas electorales de EEUU, por lo que quien es elegido presidente debe hacerse de la vista gorda como prueba de su agradecimiento por “el favor concedido.”
Más por mucho que ese imperio decadente que, enfermó a la sociedad con sus guerras de conquista de las que sus soldados regresan convertidos en piltrafas humanas que cometen masacres y se suicidan; que sus policías asesinen impunemente a “latinos” y afroamericanos, y que las armas que se venden libremente maten estudiantes y otros miles de inocentes, no podrá evitar su inexorable muerte.
Porque ese 99% ha despertado del letargo que el Capitalismo salvaje le indujo, haciéndolo víctimas de su codicia y ambición desenfrenadas que enfermó a los millones de soldados que como Santiago-Ruiz usaron en sus aventuras bélicas; de las diarias matanzas de afroamericanos e “hispanos” perpetradas por policías blancos y de las frecuentes masacres cometidas por psicópatas.
Rebelión que estalló en el seno de una sociedad enferma que ha dicho “basta” y busca recuperar la salud perdida como lo viene haciendo en las masivas marchas de protesta que millones de estadounidenses realizan por pueblos y ciudades denunciando los crímenes y abusos que el Capitalismo comete contra ella.
Un pueblo que dio su voto a Donald Trump que podría ser peor que Obama y los otros presidentes yanquis, pero que apostó a él, porque, como lo ha perdido todo y no tiene nada que perder, “se jugó a Rosalinda” confiando en que la buena suerte y su firme decisión de lucha le abra las puertas de un futuro que lo rescate de los abismos de iniquidad, injusticia y marginalidad a los que lo arrojó el Capitalismo salvaje que rige en el imperio yanqui.

09/01/2017 - 01:17 pm