¿Asistirán las Farc-EP como lo hizo la UP al macabro “Baile Rojo”?

Colombia es una fiesta. Su pueblo se ha volcado por las calles celebrando en un carnaval dedicado a la vida, la firma del nuevo y definitivo Acuerdo que ha puesto fin al infierno de la guerra de más de medio siglo que abrasó con sus llamas al país neogranadino y dejó una estela de violencia, destrucción y muerte que segó más de 220.000 vidas, dejó miles más de desaparecidos y millones de desplazados.
Se logró lo que imposible se creía: el triunfo de la vida sobre la muerte. La victoria de los que aman la paz sobre los que aman la guerra, esos jinetes apocalípticos, de quienes John Ray, el fundador de la botánica moderna dijo que “el que predica la guerra es un Apóstol del Demonio”
Pero es muy temprano para cantar victoria, pues esos apóstoles satánicos no se dan por vencidos y así como ganaron con trampas el referendo que obligó a modificar el acuerdo suscrito en La Habana, preparan la más letal de todas las celadas contra la paz: el masivo asesinat de los guerrilleros de las Farc-Ep, como lo hicieron hace poco más de 3 décadas con los de la Unión Patriótica.
Sería, según apuntan algunos analistas, una copia al carbón, una edición ampliada y mejorada del “Baile Rojo”, sombrío capítulo de la sangrienta historia de Colombia escrito por la rancia oligarquía y sus secuaces, políticos y militares, que el pueblo neogranadino guarda en su memoria colectiva como una horrible pesadilla que hoy pretenden revivir esa nueva generación de genocidas.
En la Patria Grande, ejércitos de dictaduras, pseudo democracias y sus bandas criminales han asesinado a miles de combatientes revolucionarios, pero de todos esos genocidios, de esos crímenes de lesa humanidad, ninguno más vil, cobarde y traicionero como el cometido en Colombia con el nombre del “Baile Rojo”, donde mataron a 3.000 líderes y otros miembros de la Unión Patriótica.
Paradójicamente, las circunstancias bajo las cuales se registró aquel exterminio, son similares a las que hoy están presentes tras la firma del Acuerdo de Paz que puso fin al conflicto armado de más de medio siglo que desangró al país neogranadino.
Y mientras los guerrilleros de las Farc-EP, abandonan la selva, desarmados en dirección a los veredales donde vivirán mientras se reintegran a la vida civil, pasando por caseríos entre aplausos, abrazos, besos y lágrimas de sus pobladores, hombres, niños y mujeres que los protegieron escondiéndolos de quienes antes los perseguían y combatían, los acechan miles de miradas asesinas.
Son los paramilitares y los sicarios ocultos en ciudades, mercenarios de la oligarquía, de revanchistas militares y de Uribe y Pastrana, sus cabecillas, que odian la paz y aman la guerra como su amo el Imperio porque se nutren de ella que aguardan el momento oportuno para asesinarlos fácilmente porque están desarmados, indefensos como estaban sus camaradas de la UP.
Aquellos combatientes, que confiando en la palabra de traidores, suscribieron en 1984 en La Uribe, Meta, el falso documento de paz que les presentó Belisario Betancur sin saber que firmaban su sentencia de muerte, ya que meses más tarde caerían abatidos, en el marco de una criminal política de Estado, por las balas de las hordas criminales de narcotraficantes y sicarios del gobierno.
El macabro proyecto comenzó cuando el 30 de agosto de 1986 Leonardo Posada uno de los 14 congresistas de la Unión Patriota elegidos por el pueblo, fue asesinado, marcando el inicio del proceso de aniquilamiento de guerrilleros de la UP durante el régimen de Virgilio Barco, política criminal continuada por sus sucesores los presidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe.
Dos genocidas que pretenden repetir el “Baile Rojo”, a los que Iván Márquez llamó “alacranes venenosos” “los que no pudieron ganar la guerra”, a pesar de la superioridad numérica y en armas de su ejército de 450.000 soldados y el apoyo financiero y logístico de US$6.000 millones de EEUU a través del Plan Colombia, firmado por Pastrana y continuado por Uribe con más saña.
De allí que como cabecillas de una rancia oligarquía renuente a entregar las más de las 2 terceras partes de la tierra colombiana de la que se adueñaron hace 2 siglos mediante sangrientas guerras fratricidas en las que el pueblo puso los muertos y la oligarquía, políticos corruptos y el gobierno a través del ejército puso las balas, hacen planes para exterminar las Farc-EP.
Piensan, acostumbrados como están a ordenar el asesinato masivo de pueblo, como lo hicieron ambos con el Plan Colombia, genocidio que Uribe sumó más muertes con “Los Falsos Positivos”, con las masacres de guerrilleros, campesinos y afro-descendientes perpetradas por sus sicarios de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) que repetir “El Baile Rojo”, será cosa fácil.
Esos criminales podrían no estar equivocados, ya que unos guerrilleros despojados de sus armas, lejos de la selva, su refugio natural y defensa contra los miles de ataques por aire, ríos y tierra lanzados durante 5 décadas por el ejército colombiano con apoyo del Imperio, podrían ser víctimas de esas hordas de asesinos una vez reincorporados a la sociedad como ciudadanos desarmados.
Así lo fueron los guerrilleros de la Unión Patriota, que ingenuamente confiaron en la palabra y compromiso del gobierno de Belisario Betancur cuando firmaron el acuerdo de paz en 1986, sin saber que caían en una trampa letal tan cobarde y vil como la que ahora piensan colocar a las Farc-EP, “esos dos alacranes venenosos” cabecillas de una oligarquía avara y codiciosa.
Una celada como la tendida a la UP, según destaca Ricardo Arias Trujillo, Profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Los Andes en un revelador trabajo titulado “El Exterminio de la UP”, escrito hace 9 años, en cuyos párrafos se evidencia la traición y la crueldad de una especie de “Solución Final” al mejor estilo nazi-fascista dirigida a exterminar a los guerrilleros de la Unión Patriótica
“Han sido cerca de más de 3.000 asesinatos perpetrados sistemáticamente desde que la UP hizo su aparición en el escenario político, en 1986.”
“Entre las víctimas, dos candidatos a la Presidencia, cientos de líderes regionales y locales, y muchos, muchísimos de partidarios de esa agrupación.”
“Por si fuera poco, la UP ha tenido que soportar, además de la política de aniquilamiento, una dolorosa indiferencia por parte de la sociedad y una escandalosa inoperancia por parte de la Justicia colombiana. Para utilizar términos muy de actualidad, -en el caso de la UP -tampoco- ha habido Justicia, Verdad y Reparación.”
“Desde un comienzo, la gran prensa, la Iglesia, los gremios, los partidos tradicionales, el Ejército, se apresuraron en condenar a la UP por sus inocultables vínculos con las Farc”…“Pero esos mismos sectores se mostraron mucho menos escandalizados frente a la política de aniquilamiento desatada por la extrema derecha contra la UP.”
Coincide con Arias Trujillo, la filósofa y periodista María Estela Bonilla, directora del portal informativo Las Dos Orillas, quien en un trabajo bajo el título de “El Baile Rojo” publicado en abril de 2014, afirma que con “la muerte de Posada en brazos de Lucho Garzón el 30 de agosto de 1986 en Barranca Bermeja” comenzó el Baile Rojo.
“Con ese asesinato se inicia el Plan “Baile Rojo”, la macabra estrategia de exterminio fraguada desde el Estado…Al día siguiente cae en Villavicencio otro representante, Pedro Nel Jiménez y así, uno a uno, casi que de manera orquestada, además de los recién elegidos, caen asesinados distintos líderes sociales de todas las regiones del país.”
Es el mismo proyecto genocida que está en la mente criminal de Uribe y Pastrana que no aceptan que es mejor vivir en paz que en guerra, porque son 2 “alacranes peligrosos”, vasallos de EEUU, el imperio que para poder sobrevivir debe hacer la guerra, como lo viene haciendo desde el momento en que hace 230 años nació como Estado, sojuzgando pueblos con sus guerras de conquista.
Pero el pueblo colombiano ha despertado del letargo en que lo sumieron durante dos centurias la oligarquía, los políticos corruptos y ambiciosos y esa caterva de sumisos gobernantes que entregaron la soberanía y dignidad la patria al imperio, y que hoy no están dispuestos a permitir que se repita el “Baile Rojo”, “macabra estrategia de exterminio fraguada desde el Estado.”
Y vigilante, noche y día, ese pueblo se mantendrá en guardia permanente para defender de la muerte a los guerrilleros de las Farc-EP como lo hicieron en los últimos cinco años en defensa de los diálogos de Paz de La Habana que culminaron con el Acuerdo de Paz definitivo que segó el río de sangre al que lo arrojaron durante 52 años lacayos imperiales como Uribe y Pastrana.

06/02/2017 - 09:13 am