“Los muros de la vergüenza” los erigen quienes temen a los pueblos

Ninguna fecha más propicia que hoy, Día de los enamorados, consagrado a San Valentín, el santo que en tiempos del imperio romano habría sido decapitado por casar cristianamente a los soldados, para, en nombre del amor que simboliza el mártir, protestar y condenar al fascismo, que levanta muros de odio e intolerancia, en vez de tender puentes de amor y armónica convivencia entre los pueblos.
En el mundo antiguo se construyeron muros como la Muralla China, para proteger a los pueblos de los invasores, pero en el actual hay barreras erigidas por el imperio yanqui, el sionismos, reyezuelos, pseudo democracias y oligarquías de Europa, África, Medio Oriente y de Perú en América Latina, que cierran sus espacios por temor a la rebelión de los pueblos pobres que sojuzgan y saquean.
Son “los Muros de la Vergüenza”, como se conoce a las murallas de concreto y acero de 3 a 7 metros de altura, unas de cientos y otras de miles de kilómetros de extensión, levantadas en las fronteras de países y alrededor de un exclusivo y lujoso urbanismo donde viven ricos oligarcas, separado por una alta pared, de los cordones de miseria que lo rodean, habitados por gente muy pobre.
En esos espacios del Capitalismo, no hay lugar para los millones de infelices inmersos en los abismos de hambre, pobreza, miseria, ignorancia, enfermedad y demás plagas sociales adonde los arrojo un sistema que se niega a pagar la inmensa deuda social que con ellos tienen, producto de sus guerras de conquista y que en vez de cancelarla los castiga levantando esos infames cercos.
“Muros de Vergüenza” condenados por el mundo, que los medios mercenarios del Imperio y sus secuaces ocultan, negados a difundir la mayoría de las denuncias de organizaciones defensoras de los DDHH y resoluciones de las Naciones Unidas sobre ese crimen de lesa humanidad, o cuando mucho, dedicándole reducidos espacios en la prensa escrita, radio y televisión.
Bastaría nombrar solo algunas de esas construcciones para comprender la magnitud del daño que causan a los pueblos víctimas de la maldad y crueldad de quienes las levantaron, una horda de depredadores con rostro humano, más salvajes que las fieras de la selva que si matan lo hacen para sobrevivir, no como ellos que asesinan por placer y el temor a perder el poder.
Y es que en el fondo sienten miedo de que en cualquier momento, los pueblos a los que sojuzgan y roban sus ingentes recursos naturales en base a los cuales se desarrollaron y adquirieron el progreso y desarrollo material que hoy ostentan, en contraposición a los valores éticos y morales que perdieron o ignoraron, se rebelen y reconquistan la soberanía, libertad y dignidad que les arrebataron.
Por eso EEUU levantó el muro en la frontera con México; Israel lo hizo en la Cisjordania; Europa en las fronteras de Grecia, Serbia y Hungría para cerrar el paso a los desplazados por las guerras de conquista lanzaron con su amo imperial en África, Asia Central y Medio Oriente, y en la Patria Grande, en Perú, los ricos alrededor de los cordones de miseria que rodean sus lujosas urbanizaciones.
El Muro erigido por el Estado sionista de Israel, gendarme de EEUU en el Medio Oriente, vergüenza de la humanidad, es para muchos el más infame y cruel de todos, construido hace tres lustros, condenado por la ONU en nombre de la inmensa mayoría de los pueblos del planeta y por la Corte Internacional de La Haya, se extiende con su altura de siete metros a través de 273 kilómetros.
Sus paredes infranqueables separan a miles de familias campesinas palestinas y les impiden el acceso a sus cultivos, provocando más hambre y pobreza, plagas que padecen desde hace décadas cuando los sionistas masacraron a millones de hombres, niños, ancianos y mujeres y desalojaron a los sobrevivientes de sus hogares para ocupar la tierra que habitaban.
Hoy siguen asesinando impunemente a ese mártir y heroico pueblo, al que además de bombardearlo constantemente; demuelen sus viviendas para construir ilegales asentamientos, llegando hace una semana a aprobar con carácter de retroactividad, una ley con la que pretende legitimar esa aberración jurídica condenada por la ONU y decenas de organizaciones defensoras de los DDHH.
El muro en la frontera de EEUU con México, cuya construcción se inicio hace varios años y cuya ampliación fue aprobado por Donald Trump, soberbio y prepotente nuevo presidente del imperio más poderoso de la historia, cumpliendo así una de sus promesas electorales, es una monumental estructura de acero de 5 metros de altura que tendrá una extensión de miles de kilómetros.
Se le dotará de sistemas electrónicos de alarma y vigilancia sónica y visual más sofisticados y modernos que los actuales, combinados con vigilancia aéreo con helicópteros y por tierra con vehículos todo terreno de la siniestra Patrulla Fronteriza, que los persigue como animales que termina capturando o matando y cuyo personal y salario será aumentado para mayor lograr una mayor “eficiencia”.
La obra, una vez concluida, aumentará exponencialmente el peligro para la vida de los millones de inmigrantes mexicanos y centroamericanos indocumentados en su mayoría, que intentarán o lograrán entrar al país como lo vienen haciendo otros desde hace décadas en busca de “American Dream”, el “Sueño Americano¨ que para muchos de ellos se convierte en una pesadilla.
Y es que han sido miles los que han muerto en el trayecto hasta alcanzar alguno de los puntos fronterizos, víctimas de accidentes, asaltantes, estafadores, narcotraficantes y del comercio sexual cuyas víctimas son menores y mujeres que terminan como esclavos en los prostíbulos que abundan en el país o son exportados a Europa y otros continentes por sus captores.
O la muerte, que para muchos es preferible, como a los más de 10 mil que han perecido de sed o hambre en el desierto que deben atravesar, huyendo de la Patrulla Fronteriza, abandonados por “los coyotes”, guías a los que pagan en dólares para que los llevan al primer poblado oudad para confundirse con la población de migrantes que allí viven después de haber superado esa odisea.
Pero no estarán a salvo, porque aún en caso de no ser detenidos y encarcelados antes de ser deportados, al obtener un trabajo, las mujeres como domésticas y los hombres en las granjas, hay miles a quienes inescrupolosos patrones les niegan el pago del salario bajo la amenaza de denunciarlos antes las autoridades, es entonces cuando caen también en riesgo de caer en la prostitución.

Porque EEUU es uno de los grandes mercados del comercio sexual de migrantes, donde proliferan miles de casinos, prostíbulos y hoteles manejados por mafias de un negocio inhumano que ocupa el tercer lugar después del tráfico de trafico de drogas y la venta de armas, plagas sociales que generan violencia, muerte y destrucción como ninguna otra de las que asolan al mundo.
Existen otros “Muros de la Vergüenza” como el Muro marroquí que cierra las puertas a una vida a millones de libios y otros africanos hambrientos miles de quienes pudieron haberse salvado de no haber existido esa muralla que les impidió hacerlo en naves seguras a través del Mediterráneo y no morir ahogados en su huida hacia España o Italia a bordo de balsas y frágiles embarcaciones.

Como los afganos, sirios y refugiados que huyendo de la muerte que desataron EEUU y sus aliados europeos, acosados por el hambre y el frío perecieron ahogados en el Egeo antes de alcanzar la costa griega querían llegar a otros países europeos se lo impidieron muros y los que llegaron son deportados por creerlos terroristas cuando terroristas son ellos, que desataron las guerras..

O como en Perú, donde según una nota de la agencia de noticias RT, en las afueras de Lima, un extenso muro, separa a un enorme complejo residencial del cordón de miseria conformado por miles de viviendas de paredes de cartón y techos de cinc cuyos moradores sufren pobreza, hambre y frío en indignante contraste con el lujo, abundancia y opulencia que reina en esa urbanización.

El complejo evoca La Canción del Oro, obra de Rubén Darío, que que cuenta que “Aquel día, un harapiento, por las trazas un mendigo… llegó… a la gran calle de los palacios, donde…Había tras los vidrios de las ventanas, en los vastos edificios de la riqueza, rostros de mujeres gallardas y de niño encantadores”.

Así viven seguramente entre el lujo y la abundancia, las damas de la oligarquía y sus hermosos hijos en la urbanización limeña, en indignante contraste con la condición de hambre y miseria de sus vecinos pobres de los barrios que lo rodean, una realidad vergonzosa que supera con creces a la idílica ficción del cuento del poeta.

La imagen de esas barriadas es igual a la que presentaban los ranchos que había en Caracas y el resto del país antes de que la Gran Misión Vivienda Venezuela iniciada por Chávez y continuada por Maduro dotara en los últimos 4 años de millón y medio de viviendas dignas al pueblo y seguirá construyendo más, hasta que todos los venezolanos que no tienen tengan la suya.

Porque la Revolución Bolivariana a través de la GMVV está poniendo fin como ningún país del mundo lo ha hecho, a la tragedia humana que es carecer de una vivienda digna y que durante siglos vivieron los pobres en Venezuela, pesadilla que Alí Primera denunció en su canción, Las Casas de Cartón, durante la nefasta época de la Cuarta República.

Canto de protesta social que comienza diciendo: “Qué triste se oye la lluvia/en los techos de cartón”, no hay “rostros mujeres gallardas”, ni “niños encantadores”, solo mujeres pálidas y niños, cuya hermosura y encanto lo borran el hambre, la enfermedad e insulubridad , mientras la tristeza y el dolor de un padre, los cuenta también la canción de nuestro cantautor diciendo:

“Viene bajando el obrero/casi arrastrando los pasos/por el peso del sufrir…Atrás dejó a la mujer preñada”, y más adelante otra de las estrofas habla de los “niños color de mi tierra/con sus mismas cicatrices/millonarios en lombrices” y finaliza su canto repitiendo:
“Qué triste cae la lluvia/ en los techos de cartón/qué lejos pasa la esperanza/de los techos de cartón”.

Así, lejos de la esperanza, y cerca de la muerte viven en el mundo millones de seres humanos, separados de una vida digna y segura por los “Muros de la Vergüenza” erigidos por EEUU, el sionismo, reyezuelos, dictadores, pseudo democracias de Europa, África, Medio Oriente y la oligarquía peruana en América Latina por temor a la rebelión de los pueblos que sojuzgan y saquean.

Lo hacen en violación de los DDHH; de acuerdos y tratados del Derecho internacional y humanitario; de normas, principios y valores que rigen la sociedad planetaria y desoyendo una de las voces más autorizadas del mundo, Francisco, el Sumo Pontífice que ha reclamado reiteradamente que en vez de levantar muros de vergüenza, se deben construir puentes de unidad entre los pueblos.

Y no pueden continuar engañando al mundo, diciendo que los erigen para seguridad de sus pueblos, porque ellos también sufren el ultraje diario del Capitalismo y su modelo del Neoliberalismo que los sojuzga con el vicio del consumismo, razón de su existencia como son también las guerras de conquista que para poder sobrevivir desatan a lo largo y ancho del planeta.

Porque como dijo Lincoln: “Podrás engañar a todos durante algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos.”

14/02/2017 - 10:22 am