Se activaron las alarmas que advierten que es hora de frenar a los violentos, o su violencia se impondrá en Venezuela

Los violentos de la oposición golpista venezolana, faltos de ideas y razones, cayeron en abismos de barbarie arrastrándose en su cieno como gusanos, al utilizar niños como escudos humanos y el arma biológica de las heces, por lo que, como dijo Martí, “llegó la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”, hora de frenarlos a antes de que su violencia termine imponiéndose en Venezuela. Sus mujeres evidencian en sus marchas la descomposición moral que los corroe al defecar en la calle y mostrar sus glúteos y senos, indigno proceder de unas damas de familias de abolengo y adineradas, aunque en muchos casos, de riqueza mal habida en base a la explotación que sus pasados y actuales miembros, industriales, empresarios, comerciantes, banqueros y señores de la burguesía rural cometieron y cometen con sus trabajadores. Damas y damiselas de la “high society”, la rancia, rica y culta oligarquía criolla educadas en exclusivos y privados colegios religiosos y universidades nacionales y extranjeras, habitantes de exclusivos sectores del Este y Sudeste de Caracas y lujosos urbanismos de ciudades del interior, fuente natural y verdadera de las protestas, que usurpando el nombre del pueblo auténtico, van a las marchas con ropa, calzado “marca” y sus infaltables Ray-bans. Esas que acuden con vestidos diseñados por famosas casas de moda a lujosas recepciones donde se bebe champagne y whisky y se habla francés e inglés, en vez del castellano ¿Cómo es posible que protagonicen tan vergonzosos actos, que se enorgullezcan de mostrar las más íntimas partes de sus cuerpos como forma de protesta cuando hay miles de maneras decentes para expresarla? Y es que, sordas al llamado de Bolívar quien dijo que: “Moral y Luces son nuestras primeras necesidades”, han llevado esos principios a su nivel más bajo, sumidas en las tinieblas de la inmoralidad y el crimen al colocan al frente de sus marchas a menores a quienes pagan por lanzar piedras a las autoridades y gritar consignas cuyo significado ellos ni entienden. Los primeros en denunciar, antes de que lo hicieran las autoridades el crimen que perpetran al usar a esos inocentes, fueron agencias internacionales de noticias que publicaron fotos de los menores al frente de las marchas opositoras, en una de ellas una mujer que los alimenta y según uno de los medios denunciantes, “se les entrega fajos de billetes de Bs.50.oo como pago por sus servicios”. .Tan obcecados están los golpistas en el compulsivo afán de derrocar al legítimo Presidente-Obrero Nicolás Maduro, que cometen un crimen de lesa humanidad al usar a menores en sus violentas marchas, sabiendo que ello está prohibido por la ley venezolana, convenios y tratados internacionales, lo que puede llevarlos a enfrentar la justicia que seguramente ha de condenarlos. En cuanto al uso de excrementos humanos y animales contra los efectivos militares y policiales que controlan sus manifestaciones ilegales para que no se desvíen de la ruta y causen destrozos y muertes como lo hicieron el 11-A, cuando asestaron el golpe de Estado contra Chávez, se les ha advertido que cometen un crimen de lesa humanidad severamente penado por la ley. Lo hizo el martes a través de un Comunicado el ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, General Néstor Reverol y en una declaración hecha este miércoles, la Inspectora General de Tribunales, Marulys Valdez. Ambos funcionarios les recordaron que utilizar esa arma biológica, que es el material fecal que arrojan contra las autoridades, pueden provocar enfermedad y hasta la muerte, tiene consecuencias penales, por tratarse de un crimen de guerra. Recuerden, no lo olviden, que han sido advertidos, no vayan a decir después, si reinciden en ese grave delito y son detenidos, juzgados y condenados, que son “Presos Políticos”, como califican a sus cómplices, los criminales que hoy están encarcelados, porque en Venezuela se acabó la secular impunidad que gozaron los conspiradores durante más de 2 siglos, la época de la Primera República. “!Clemencia criminal!” , como la llamó Bolívar, “porque la impunidad era absoluta”, cuando “a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar”, hasta que Maduro dijo “basta” y con apoyo de la Justicia ha enviado a la cárcel a varios conspirados de oficio, mientras a otros esperan su turno para ir a hacerles compañía. Marchen, manifiesten como manda la ley, en paz y sin violencia, porque en Venezuela hay plena libertad para hacerlo, siempre y cuando se haga de esa manera, no con sangrientas marchas disfrazadas de “pacíficas” como las que realizan en los últimos 40 días, con su estela de destrucción y muerte en las que han perdido la vida 37 venezolanos y venezolanas y centenares han sido heridos. Están a tiempo. El pueblo quiere paz, quiere que la armonía vuelva a reinar en Venezuela, de allí que sus marchas sean distintas a la de esas hordas de violentos. Marchas como las de los miles de campesinos y pescadores que este miércoles llegaron hasta el Palacio de Miraflores para expresarle su apoyo al Presidente Maduro, como lo han y seguirán haciendo miles más de Venezolanos hasta el día en que se apruebe e inicie sus funciones. Lo hicieron, lo hacen y harán para decirle que están de acuerdo con la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que hizo el 1º de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, única forma de frenar ese demencial empeño de la oposición golpista criolla y de sus secuaces extranjeros, gobiernos, presidentes, ex mandatarios y de la OEA, ministerio de Colonias de EEUU, vasallos imperiales que por orden de su amo pretenden destruir la Revolución Bolivariana. Pero si, sumisos como son a su amo, persisten con sus marchas asesinas que lo único que han dejado es una estela de violencia, muerte y destrucción, al gobierno bolivariano que tolerante, por ser amante de la paz ha permitido su desarrollo aplicando únicamente legítimas medidas de contención, no le quedará mas opción que proceder a actuar con mano dura como la detención de sus cabecillas, porque a la culebra se le mata cortando su cabeza”. Lo sugieren personas que observan con preocupación el caos social generado las marchas “pacíficas” de la oposición, como el escritor, politólogo argentino Atilio Borón, en un trabajo publicado hace pocas horas, titulado: “Venezuela en la hora de los hornos” como el más experto de los cirujanos, llegó con el bisturí de su experta pluma a abrir ese tumor maligno, y para extirparlo recomienda la inmediata adopción de medidas, diciendo que: “La dialéctica de la revolución y el enfrentamiento de clases que la impulsa, aproxima la crisis venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos, y solo dos: consolidación y avance de la revolución, o derrota de la revolución. La brutal ofensiva de la oposición –criminal por sus métodos y sus propósitos anti-democráticos- encuentra en los gobiernos conservadores de la región y en desprestigiados ex gobernantes, figurones que inflan su pecho en defensa de la “oposición democrática” en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la “inmediata liberación de los presos políticos”. La canalla mediática y “la embajada” hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los criminales que incendian un hospital de niños forman parte de esa supuesta legión de “demócratas” que luchan para deponer “la tiranía” de Maduro. También lo son los terroristas ¿se les puede llamar de ese modo? Que incendian, destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las policías de las 19 alcaldías opositoras de las 335 que hay en el país) Si la Policía Bolivariana -que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chávez- los captura se produce una pasmosa mutación: La derecha y sus medios convierten a esos delincuentes comunes en “presos políticos” y “combatientes por la libertad”, como los que en El Salvador asesinaron a Monseñor Óscar Arnulfo Romero y a los Jesuitas de la UCA, O como “los Contras” que asolaron la Nicaragua Sandinista financiados por la “Operación Irán-Contras”, planeada y ejecutada desde la Casa Blanca. Resumiendo: lo que está sucediendo hoy en Venezuela, es que la contrarrevolución trata de tomar las calles -y lo ha logrado en varios puntos del país- y producir, junto con el desabastecimiento programado y la guerra económica, el caos social que remate, en una coyuntura de disolución nacional y desencadene el desplome de la Revolución Bolivariana”… Sería imprudente no tomar estas palabras muy en serio, porque eso es precisamente lo que el Imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela: lograr la aceptación popular de “un final terrible” que ponga término a un “terror sin fin”. A tal efecto, Washington aplica la misma receta administrada en tantos países: organizar la oposición y convertirla en la semilla de la contrarrevolución, ofrecerles financiamiento, cobertura mediática y diplomática, armas; inventar sus líderes, fijar la agenda y reclutar a mercenarios y malvivientes de la peor calaña que hagan la tarea sucia de “calentar la calle”, matando, destruyendo, incendiando, saqueando, mientras sus principales dirigentes se fotografían con presidentes, ministros, el secretario general de la OEA y demás agentes del Imperio… Por comparación, la ofensiva imperial contra Salvador Allende en los años setentas fue un juego de niños al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela. “No hubo en Chile una oposición que contratara bandas criminales para ir por los barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la población; Tampoco un gobierno de un país vecino que apañara el contrabando y el paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo de la mentira su religión... Esa prensa proclama indignada que la represión cobró la vida de más de treinta personas, pero oculta aviesamente que la mayoría de los muertos son chavistas, y que por lo menos cinco ellos, policías bolivarianos ultimados por “los combatientes por la libertad” Los incendios, saqueos y asesinatos, la incitación y la comisión de actos sediciosos son publicados como la comprensible exaltación de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del país a voluntad, visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para requerir que su país sea invadido por tropas enemigas, hagan periódicas declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se reúnan en una farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato mediático que miente como jamás antes, vayan a terceros países a apoyar a candidatos de extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por las autoridades. ¡Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus instigadores están encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la contrarrevolución y restaurar el viejo orden pre chavista mediante un caos científicamente programado por gente como Gene Sharp y otros consultores de la CIA que han escrito varios manuales de instrucción sobre como desestabilizar gobiernos. El modelo de transición que anhela la contrarrevolución venezolana no es el “Pacto de la Moncloa” ni ningún pacífico arreglo institucional, sino la aplicación a rajatabla del modelo libio, y, por supuesto, no tienen la menor intención de dialogar, por más concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y cuando se les otorga acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de Estado. Violan la institucional nacional y la prensa del Imperio los exalta como si fueran la quintaesencia de la democracia.No parece que la rehabilitación de Henrique Capriles o inclusive la liberación de Leopoldo López podría hacer que un sector de la oposición admitiera sentarse en una mesa de diálogo político para salir de la crisis por una vía pacífica porque la voz de mando la tiene el sector insurreccional… Maduro ofreció nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la desintegración nacional. Si la oposición confirmara en los próximos días su rechazo a ese gesto patriótico y democrático, el único camino que le quedaría abierto al gobierno será dejar de lado la excesiva e imprudente tolerancia con los agentes de la contrarrevolución y descargar sobre ellos todo el rigor de la ley, sin concesión alguna. La oposición no violenta será respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego democrático y los marcos establecidos por la Constitución; la otra, el ala insurreccional de la oposición deberá ser reprimida sin demora y sin clemencia. El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los sediciosos, que en Estados Unidos estarían presos desde el 2014, y algunos, Leopoldo López, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital. Su mayor pecado (el del gobierno) fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes solo quieren la victoria de la contrarrevolución a cualquier precio. Pero ese tiempo ya se acabó. La inexorable dialéctica de la revolución establece, con la lógica implacable de la Ley de la Gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con toda la fuerza del Estado para impedir a tiempo la disolución del orden social, la caída en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la Revolución”. Será entonces cuando vuelva la paz a Venezuela, libre para siempre del fascismo y la oligarquía, plaga política y social que han hecho tanto daño al mundo y al pueblo venezolano, que recorrerá feliz las amplias alamedas en camino a la Utopía de ese mundo posible, el sueño que persiguen y buscan hacer realidad los pueblos del planeta que aman la paz y la repudian la guerra.