Un plan como nosotros

Caracas, 11 Sep. AVN.- “Un solo palo no hace montaña” refiere la sabiduría ancestral, y cuando se trata de la administración de los recursos del estado Miranda, está más que claro que el manejo del dinero a espaldas de la gente ha traído consecuencias muy funestas.

En una conversación sostenida con un grupo de mirandinos en la escuela estatal Cruz del Valle, en La Macarena, municipio Guaicaipuro, se planteó la necesidad de cambiar los mecanismos para resolver los problemas de cada comunidad.

Se habló, entonces, de la urgencia de profundizar en dos temas: la seguridad y la economía.

Sabemos que por los secuestros, el crecimiento de las bandas organizadas y la cantidad de víctimas de la violencia social, Miranda ocupa el primer lugar en las estadísticas de criminalidad del país. Eso se puede relacionar con el abandono de los cuerpos de seguridad y el desvío de los recursos dirigidos para tales menesteres.

Por otra parte, está el tema económico, un mal que se crece por el boicot desde los centros de poder capitalistas contra nuestro país, y también por la creciente imposición de valores individualistas que promueven el egoísmo y la especulación. Nuevamente, la falta de un gobierno regional preocupado por el bienestar colectivo ha permitido que eso pase.

Sin embargo, la solución está en nuestras manos: hay que cambiar el modelo de gestión, siguiendo lo pautado en el artículo 7 de la Ley Orgánica del Poder Popular, donde se establece que “la iniciativa popular en el ejercicio de la gestión social debe asumir funciones, atribuciones y competencias de administración, prestación de servicios y ejecución de obras, mediante la transferencia desde los distintos entes político-territoriales hacia los autogobiernos comunitarios, comunales y los sistemas de agregación que de los mismos surjan”.

Es decir, es la gente de cada comunidad quien puede conocer a fondo no solo sus necesidades, sino también las posibles soluciones, por eso queremos que el plan de gobierno se parezca a nosotros, a nuestros sueños y esperanzas.

En el municipio Guaicaipuro, por ejemplo, hay 368 comunidades organizadas, que pueden, con nuestro apoyo, con un plan de formación y financiamiento, crear sus propios mecanismos para atender sus necesidades de manera permanente. Igualmente, hay que optimizar las contralorías populares, profundizando la corresponsabilidad, la autogestión (administrarse y producir resultados por sí mismos) y la cogestión (trabajar conjuntamente con los administradores de los bienes públicos).

El gobernador solo no puede hacer milagros, pero si cada comunidad se suma para generar iniciativas viables, reales, donde todos estemos implicados, lograremos ser una montaña sólida, fuerte y capaz de dejar atrás estos años oscuros.

Estoy dispuesto a firmar acuerdos con cada comunidad, desde su propia realidad, y defiendo el fortalecimiento de una cultura de la participación en los asuntos públicos, porque sólo obedeciendo se puede gobernar.