Del despecho de Guzmán Blanco al encanto crepuscular: Barquisimeto conmemora 474 años de fundada

Barquisimeto, 14 Sep. AVN.- En casi cinco siglos de historia, la capital larense ha sido bautizada, rebautizada y adjetivada por pueblos originarios, conquistadores, presidentes, cronistas y movimientos socioculturales.

​En el contexto de sus 474 años de fundada, que se conmemoran este lunes 14 de septiembre, la ciudad recuerda el largo recorrido mediante el cual la han nombrado: desde la resistencia de la voz indígena hasta sus atardeceres poéticos, pasando por la ironía de los adjetivos que han pretendido etiquetarla a lo largo de los siglos.

​Mucho antes del trazado de sus calles o del surgimiento de sus monumentos, los pueblos originarios de estos predios, los caquetíos, gayones y jirajaras, nombraban estas tierras como Variquisimeto, voz indígena que significa "río de aguas turbias" o "de color ceniza", en referencia al torrente que cruzaba su valle.

​En la primera mitad del siglo XVI, el conquistador español Juan de Villegas pretendió imponer como en toda conquista la fórmula hispana de Nueva Segovia de Buría, intentando replicar el mapa castellano atado al vocablo aborigen de la zona minera de este asentamiento.

​Sin embargo, las rebeliones de las poblaciones esclavizadas y la inclemencia del territorio obligaron a la población a una peregrinación de mudanzas alrededor del río de aguas color ceniza, lo que provocó que el nombre español cediera ante la fuerza de la geografía y el uso popular.

​De esta manera, la grafía derivó gradualmente en Barquisimeto, consolidando la toponimia indígena sobre la castellana como el primer hito de una comunidad nacida a orillas del agua.

De la ciudad "de los pulperos" a la de los crepúsculos

​La consolidación del nombre de Barquisimeto dio paso a una larga lista de adjetivaciones de la ciudad, comenzando por el presidente Antonio Guzmán Blanco a mediados del siglo XIX.

El periodista Roberto Mujica recuerda en la crónica titulada "Carta abierta a la señora ciudad", publicada en el libro Amuesca (Barquisimeto, 1995), que el mandatario Guzman Blanco, al no ser aclamado a su paso por esas tierras, le encasquetó el feo cognomento de "ciudad de los pulperos enfranelados", motivado por la proliferación de aquellos viejos abastos que marcaban la vida cotidiana local, en el que los pulperos vestían con franelas blancas, pantalones color caqui y alpargatas negras.

Mujica recuerda que con los años se sumaron otros motes. Mientras algunos la tildaron de "Ciudad Baldía", como el historiador Guillermo Morón al criticar la parsimonia intelectual de los años cincuenta, la irreverencia juvenil de la década siguiente la bautizó como "Ciudad Mercuria", invocando al dios romano del comercio para retratar su pulso mercantil, al tiempo que mentes agudas como la de don Chío Zubillaga apelaban al humor negro para desmontar las posturas de la élite local.

​Más adelante surgió la celebérrima "Ciudad de los Crepúsculos", nombre poético que la crónica incisiva contrapone hoy al avance de los altos edificios y la hemorragia de vallas publicitarias que tapan el horizonte, conviviendo con sellos más amables como "Capital Musical de Venezuela", "Ciudad del Desarrollo" o "Ciudad de la Alegría".

A 474 años de su fundación, la ciudad evidencia que los adjetivos son apenas polvo que el viento de su Valle Turbia se encarga de soplar. Ni la burla ilustrada ni los sellos turísticos han podido amoldar a una tierra que nació indómita a orillas del agua y que hoy, más viva que nunca, escribe su historia con la voz de su propia gente.

 FIN/AVN/ FG/ NM/ NM/
© AVN - 2026

spot_imgspot_img
LO ÚLTIMO
- Publicidad -spot_img
DESTACADO
spot_img