Caracas, 04 May. AVN.- El desarrollo de la Central Hidroeléctrica Manuel Piar, conocida técnicamente como Tocoma, representa la culminación del complejo esquema de aprovechamiento del Bajo Caroní iniciado a mediados del siglo XX.
Según los registros históricos del proyecto, su construcción comenzó formalmente en el año 2005 tras la aprobación de financiamientos multilaterales destinados a incorporar una capacidad instalada de 2.160 megavatios (MW) al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
Los datos técnicos originales, validados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su documento conceptual VE-L1003, estipulan que la planta debe albergar 10 unidades generadoras.
Cada una de estas unidades cuenta con una capacidad nominal de 216 MW, según las especificaciones de diseño que buscaban maximizar el potencial hidroeléctrico en un punto situado apenas 15 kilómetros aguas abajo de la Central Simón Bolívar (Guri).
Históricamente, la elección de turbinas tipo Kaplan respondió a la necesidad de operar con saltos de agua de baja altura. Los informes de ingeniería de la contratista Hydrochina y de la empresa Betonmac S.A. coinciden en que este equipamiento permite que la central genere energía de manera eficiente utilizando el caudal ya regulado por Guri, optimizando el rendimiento de la cascada energética del río Caroní sin requerir un embalse de proporciones similares a los de las plantas superiores.
En cuanto al impacto en la estabilidad de la red, los planes estratégicos de Corpoelec desde la década pasada proyectaban que la inyección de estos 2.160 MW fortalecería la red troncal de 765 kV.
La documentación técnica indica que la ubicación de Tocoma es clave para la regulación de frecuencia en el sistema interconectado, lo que permitiría reducir las fluctuaciones de voltaje y las caídas de tensión que afectan actualmente a las regiones más alejadas del centro de generación.
Pese a los retrasos cronológicos documentados en los informes de gestión del Ministerio de Energía Eléctrica, la meta técnica de los 2.160 MW se mantiene como el estándar de diseño para el cierre del ciclo hidroeléctrico nacional, buscando descentralizar la carga sobre el parque térmico y consolidar la soberanía energética basada en recursos renovables.
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